Fueron varias esferas de cristal que salieron por el viejo hueco de la instalación eléctrica. Una rosada, otra celeste, tres blancas. Giraban por la habitación. Adentro de ellas, luces brillantísimas. Un pequeño pony, marrón y blanco, caminaba por el porta sueros. Esta cosa metálica, colgada paralela al techo. Una vuelta. Dos vueltas. Tres vueltas por cinco pesos, como cuando era niña. Un pony de verdad, de verdad, de verdad! …. tan pequeñito que cabía en las manos.
Los reflejos en el vidrio: a un lado y otro, gigantes cabezas que custodiaban Rapa Nui.
Oh! las voces!, ¿¡mis amigos están cantando?! …"estas son las mañanitas, que cantaba el rey David!"…¿Dónde están? ¿Es mi cumpleaños hoy? ¿Es hora de visita, ahora? ¿Por qué vienen cantando?
El pony se va y vienen las arañas. Sus patas negras caminan por los tubos. No hay que temer a las arañas. Son solo arañas. Vienen a visitarme desde la selva. En la selva hay magia y ellas vienen a recordarmelo. Una magia que limpia a las personas de sí mismas. De todos los sí mismos, que tenemos dentro.
¡Corro, corro, socorro! soy un mono prehistórico asustado! Un mono que no es mono, un mono que entiende. Un mono huyendo para poder seguir siendo libre y siendo mono.
El cuerpo empapado. Inmóvil. Cubierto con una sábana blanca.
Solo los ojos localmente ven, derecha izquierda; izquierda derecha. Derecha, arriba; arriba derecha.
Alguien entra y coloca otro tubo de morfina.
viernes, septiembre 13, 2013
martes, octubre 04, 2011
Campanario
Los velos gaseosos me envuelven en la tarde.
Camino por esta calle con mi paso de siempre.
Camino sobre este polvo que conoce hasta mis uñas.
Voy pisando la tierra roja, que mastiqué tantas veces.
Camino y lentamente, llego aquí, al campanario.
El mismo campanario, dónde anoche encerré tu sombra.
He dejado de llorar por el fin de los misterios.
Lavo mi ropa. Escupo.
Con mi saliva me declaro inocente.
Camino por esta calle con mi paso de siempre.
Camino sobre este polvo que conoce hasta mis uñas.
Voy pisando la tierra roja, que mastiqué tantas veces.
Camino y lentamente, llego aquí, al campanario.
El mismo campanario, dónde anoche encerré tu sombra.
He dejado de llorar por el fin de los misterios.
Lavo mi ropa. Escupo.
Con mi saliva me declaro inocente.
miércoles, julio 27, 2011
viernes, julio 08, 2011
martes, junio 28, 2011
viernes, enero 07, 2011
viernes, noviembre 12, 2010
Una mujer enana

Era una mujer enana, la que anoche corria por el jardín. Escapaba despavorida de la primavera. Dobló en la esquina dónde esta el sauce llorón y evitó también el cuento de otro verano.
Era una mujer enana y apretaba en la mano un cardo.
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